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viernes, 14 de enero de 2011

Manifestaciones en Tunez


Articulo publicado por Javier Valenzuela en el diario El País:

Obsesionados por los árboles del islamismo y el yihadismo que les ocultan el bosque de una región gangrenada por el autoritarismo, la corrupción, el raquítico desarrollo económico y las profundas desigualdades sociales, muchos europeos no aciertan a entender estos días lo que está ocurriendo en el norte de África: espontáneas y virulentas revueltas juveniles en Túnez y Argelia, reprimidas a sangre y fuego por los gobernantes. Y sin embargo, la clave de interpretación es bien es sencilla: la juventud del Magreb y el valle del Nilo tiene sed de libertad, trabajo y dignidad, está más que harta de malvivir.
Desde el Atlántico al mar Rojo, los países norteafricanos tienen una serie de características comunes. Viven allí unos 200 millones de personas, un tercio de ellas menores de quince años y dos tercios menores de cuarenta. Estamos hablando de una población joven y vitalista, que, además, ya no es tan analfabeta. El medio siglo transcurrido desde las independencias de esos países ha hecho que muchos norteafricanos tengan hoy estudios primarios, secundarios o hasta universitarios, y no sólo los varones, también las mujeres.
Ese mayor nivel de educación se corresponde con una menor resignación y unas mayores expectativas de vida, a lo que cabe añadir que los jóvenes norteafricanos saben cómo va el resto del mundo: ven por satélite las cadenas de televisión occidentales, y también la árabe Al Yazira, y, aunque sea en mugrientos cibercafés, son entusiastas de la información y la comunicación a través de Internet.
De raíz derechista, proamericana y liberaloide, como el de Túnez, o de raíz izquierdosa, tercermundista y socialistoide, como el de Argelia, los regímenes norteafricanos llevan lustros sin satisfacer las más mínimas expectativas de sus juventudes. Ni dan empleo (el paro entre universitarios puede llegar al 40%), ni garantizan libertades y derechos, ni tan siquiera ofrecen ocio y entretenimiento. Ni pan ni circo.
Entretanto, los gobiernos, y las sociedades civiles, de Europa sostienen hipócritamente a esos regímenes so pretexto de que son muros de contención del islamismo político. Mientras detengan (y, si es menester, torturen y ejecuten) a los barbudos, la cosa va bien. Pero esta actitud tiene dos serios problemas. Uno, político y moral: la evidencia del doble rasero de un Occidente que dice defender la universalidad de la democracia y los derechos humanos. El otro, de mera eficacia: estos regímenes son bomberos pirómanos en relación al islamismo; su despotismo y su corrupción son los principales argumentos de los propagandistas de los partidos de Dios, su incapacidad de ofrecer nada a la juventud la convierte en una cantera de reclutamiento para los barbudos.
Y lo mismo puede decirse respecto a la inmigración. Europa apoya a estos regímenes para que pongan barreras que impidan o dificulten la travesía clandestina del Mediterráneo. Pero es su incapacidad para generar riqueza suficiente y, sobre todo, para distribuirla con un mínimo de equidad lo que constituye una fuente permanente de creación de candidatos a la inmigración.
Lo de Túnez es particularmente escandaloso. Como ese país está abierto al turismo occidental, al que garantiza confort y seguridad, y es durísimo con los islamistas, el régimen de Ben Alí lleva lustros gozando de carta blanca. Así que en la práctica, el supuestamente modélico Túnez ha ofrecido en las últimas dos décadas menores niveles de libertad que Argelia y Marruecos, lo que ya es decir.
Túnez está regido por Ben Alí, un militar de 74 años de edad que lleva ya 23 en el poder. Se trata de un fenómeno común en el norte de África, donde el gobernante más joven es el marroquí Mohamed VI, con una década en el trono. El egipcio Mubarak, el libio Gadaffi, el argelino Buteflika ya detentaban el poder desde antes de que nacieran la mayoría de sus, llamémosles así, súbditos. Hagan ustedes el contraste entre la juventud de las poblaciones y la decrepitud de los gobernantes, y tendrán otro elemento de explicación para lo que está ocurriendo.
¿Qué podría hacer Europa? Para empezar, darle la voz y la palabra a los reformistas y demócratas del Magreb y el valle del Nilo. En estos tiempos de la información convertida en espectáculo, el exabrupto de cualquier loco yihadista da grandes titulares en nuestros medios, mientras no se les da el menor cuartelillo a los que luchan por un norte de África que evolucione política, social y culturalmente hacia la convergencia con Europa. Y luego cabría darles un apoyo real a esos reformistas. La formula no es tan complicada: cualquier ayuda a los países del sur del Mediterráneo debería estar vinculada a progresos reales en el camino hacia la democracia, los derechos humanos, la igualdad de la mujer y la corrección de las desigualdades sociales.
Pero difícilmente va a ser así. Los demócratas del norte de África comparten el sentimiento lúcido y amargo expresado hoy en EL PAÍS por Mustafá Benjaafar, un opositor tunecino entrevistado por Juan Miguel Muñoz: "No tengo ninguna esperanza en que Europa nos ayude". La salvación tendrá que venir de ellos mismos. Y eso es lo que empuja a los miles de jóvenes tunecinos y argelinos que, en contra de los topicazos, no se manifiestan estos días para pedir la prohibición del alcohol y la obligatoriedad del hiyab, sino para reclamar trabajo y libertad.

jueves, 6 de enero de 2011

Una semana en la piel de un gitano



¿Cómo viven los gitanos en el país donde son más numerosos? Para saberlo, un periodista de Adevărul se hizo pasar por uno de ellos. No sufrió ninguna discriminación, sino una especie de desprecio generalizado.



Articulo original escrito por: Cristian Delcea

Nunca antes los gitanos habían estado tan presentes en el debate público. Un total de 8.000 gitanos rumanos han sido expulsados de Francia este año, pero la mitad han regresado ya. ¿Qué opciones tienen los romaníes de ser aceptados en Rumania? Lo descubrí gracias a que me disfracé de gitano durante una semana: gorro, camisa abigarrada, chaqueta de cuero y pantalón de pana. Me dejé crecer el bigote; la piel morena me la dio el buen Dios.
Comencé mi periplo en la Plaza de la Universidad [de Bucarest]. Había algunos estudiantes borrachos que se burlaron de mí y me gritaron esas palabras archiconocidas de la lengua romaní: “muscles” (¡cállate!), “bahtalo” (¡buena suerte!), “sokeres” (¿qué tal va?). Un rubio inmenso me hizo una fotografía, tras lo cual fotografió las botellas arrojadas por el suelo, los perros y los mendigos. Es probable que mi fotografía esté clasificada en su ordenador de Escandinavia bajo la categoría “Basura en Bucarest ”.

Si tenía dinero, era bien recibido
Más tarde fui a ver una obra en el Teatro Nacional. La gente que me rodeaba no estaba demasiado contenta con mi presencia, pero no dijo nada. Volví a escuchar algunas risas de unos jóvenes. Parecería que son ellos los más crueles y pérfidos con los gitanos. Y siempre ríen por la espalda. Tal vez sus miradas hagan más daño incluso que la ojeriza de Nicolas Sarkozy, el presidente francés. Organizamos campañas para la integración y la alfabetización de los romaníes, pero ninguna para que la gente no se ría cuando ve a un romaní jorobado por la calle.
Sin embargo, podemos dar el nombre que queramos a todo eso, pero no el de discriminación. Nadie me echó de ningún bar ni de ningún restaurante. Mientras pudieran meter en caja mi dinero, me recibían con los brazos abiertos. No son los gitanos los que sufren discriminación en Rumanía, son sobre todo los pobres.

Moverse en grupo para sobrevivir
Queremos que los romaníes huelan bien, que aprecien el arte, pero ningún empresario quiere a un romaní cerca. Y sin dinero, o bien el gitano cae en la miseria, o bien se busca el dinero por medios no convencionales. Traté de seguir la vía convencional y conseguir un empleo. Rastreé los anuncios de los periódicos en busca de trabajos no cualificados: limpiar, desguazar coches en piezas. Por teléfono me decían que tenían vacantes. Cuando llegaba ante el contratante, algunos me echaban honestamente (“¡Fuera de aquí, gitano!”), otros con insultos (“¡Pues mira, resulta ser que ya no necesitamos contratar a nadie más!”). Incluso los basureros me rechazaron. La chica me miró por encima de sus gafas y me dijo: “No contratamos. No lo hemos hecho nunca”. Lo cual significa sin duda que los basureros que se arremolinaban en el patio heredan la profesión de padres a hijos.
Antes pensaba que existía una cierta solidaridad, si no entre la gente, al menos sí entre los automovilistas. En la periferia de Bucarest tuve un reventón, de manera más o menos intencionada. Me pasé más de tres horas junto a la carretera, haciendo gestos a los coches que pasaban. En algunos casos podía leer los insultos en sus labios, otros pitaban entre sonrisas, uno hizo gesto de atropellarme. Estaba totalmente solo; cientos de personas pasaron frente a mí sin querer ayudarme. Allí comprendí por qué los gitanos se desplazan en tribu. ¡Si se quedan solos, mueren!

¿Qué espera la sociedad de ellos?
Al fin apareció un viejo Skoda Octavia del que bajó un pobre hombre, de unos cincuenta años, con un mono sucio de trabajo. En los dos minutos que hicieron falta para el cambio de neumático, me abrió su corazón: “Te vi hacerme señales hace dos horas. Te miré por el retrovisor y lamenté no haberme parado. Y me dije que si aún estabas allí a mi regreso, me pararía. ¿A que he hecho una buena acción?” Yo respondí con la cabeza gacha: “Sí señor”.
Cuando reemprendí la marcha hacia Bucarest, me detuve a poner gasolina. Un empleado de la gasolinera salió algo asustado y me preguntó: “Te has puesto gasolina en el surtidor 5?” No, yo me había servido en el surtidor 4. En el surtidor 5 había unos gitanos en un coche con matrículas amarillas [matrículas temporales para los coches comprados en Alemania, difíciles de ver e imposibles de rastrear] que habían puesto gasolina. Me enteré de que habían llenado el depósito y luego se habían olvidado de pagar. Me hice la “ilusión” de que ellos también debían estar realizando una experiencia periodística inédita.
El artículo, casi circular, termina a pocos pasos del lugar donde empezó, en la Plaza de la Universidad. Pienso que no he hecho gran cosa, ni ofrecido solución alguna al problema de los romaníes. ¿Qué pretende que sea de ellos la sociedad? Tras ser tratado como un gitano durante siete días, me atrevo a decir que la respuesta se encuentra en un cartel colgado en la vieja casa de un fanático religioso, que escribió sobre él un versículo de la Biblia: Juan 3:7, “Jesús dijo: es preciso que volváis a nacer”. Y no es ninguna metáfora.

DERECHOS DE LOS GITANOS

Rumania elude su responsabilidad
El activista pro derechos del pueblo romaní Nicolae Gheorghe ha denunciado enérgicamente en el diario Guardian los intentos de la clase política europea por considerar nómadas a los romaníes y criminalizarlos. “Lo cierto es que la gran mayoría de los romaníes de Europa Central y del Este son ciudadanos que residen de forma estable en sus respectivos países, y que no tienen nada que ver con esos estereotipos del nomadismo”, afirma Gheorghe. “El término ‘nómada’ lo utilizó la Unión Soviética en la década de 1930 para evitar que los artesanos itinerantes de etnia romaní se desplazaran libremente; luego se ha usado para justificar las deportaciones durante la Segunda Guerra Mundial y, más recientemente, las expulsiones de Francia”.
Las críticas de Ghoerghe apuntan de forma específica al “categórico y autoritario” presidente de Rumanía, Traian Basescu. “En el imaginario de Basescu —escribe el activista—, los gitanos son básicamente nómadas, tal como afirmó cuando era alcalde de Bucarest, y a menudo expresa observaciones ofensivas acerca de ellos.” Sin embargo, la idea de “librarse de los gitanos” forma parte de la psique rumana desde las deportaciones de la Segunda Guerra Mundial. “Las migraciones masivas del pueblo romaní desde que el país es miembro de la UE han servido al mismo propósito de excluir a los romaníes de las comunidades locales.” La postura de Rumanía consiste en “europeizar” el problema —“en otras palabras, trasladarlo a las instituciones europeas y a otros Estados miembros”— para eludir sus responsabilidades hacia sus conciudadanos de etnia romaní. La única solución posible es “aprovechar el dinamismo y las habilidades de los romaníes mediante la legalización de sus iniciativas y su integración en la economía formal: autoempleo, cooperativas familiares, comercio internacional de artesanía y otras actividades empresariales que encajen en el contexto de libre circulación de capitales, bienes, servicios y personas que rige la UE”.

miércoles, 14 de julio de 2010

Deportan a Marruecos antes de juicio a la mujer que denuncio abusos de un policia

La juez, el fiscal, el abogado y las ONG protestan por la decisión de Interior, que menoscaba su defensa legal
 
Articulo de Paco Cerdà Valencia para levante emv
La policía española deportó ayer a Marruecos a Noura B., la inmigrante marroquí retenida en el Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) de Valencia desde hace más de un mes y que había denunciado abusos sexuales de un policía nacional en la comisaría de Orihuela. Sobre la joven pesaba una orden de expulsión en vigor desde hace tres años, pero el fiscal de Orihuela se oponía a su extradición hasta que se resolviera la investigación de estos presuntos abusos sexuales para que Noura pudiera testificar en el juicio, cuya fecha aún no ha sido fijada. Pero no ha sido así. La Secretaría de Estado de Seguridad ha acelerado la expulsión de la veinteañera marroquí y ayer, tras ser sacada del CIE a medianoche, fue trasladada en avión desde Madrid a Casablanca, donde pasó a disposición judicial. 
La decisión, que aparta del proceso a la prueba principal del supuesto delito de agresión sexual, ya ha desencadenado las primeras reacciones. La juez de Orihuela que instruye el caso va a presentar una queja formal ante el Consejo General del Poder Judicial contra la actuación del Ministerio del Interior. Por su parte, el abogado de la joven ya está gestionando la obtención de un visado extraordinario que permita a Noura venir a España para participar en el juicio oral. Si se le deniega este visado extraordinario, el vicecónsul de Marruecos en Valencia -que había visitado a la joven en el centro de internamiento y quería evitar su extradición- ha asegurado a la familia de Noura que la embajada de Marruecos en España presentará una queja formal al Ministerio de Exteriores, según afirmó ayer a este periódico un familiar de la mujer marroquí. Por su parte, fuentes oficiales de Interior recalcaron ayer que "la policía no toma decisiones, sólo se limita a cumplir con los procedimientos administrativos y judiciales". 
Desde la Campaña por el Cierre de los Centros de Internamiento para Extranjeros se trasladó ayer una enérgica "condena" de la expulsión de Noura porque "deja a esta persona todavía más indefensa, y al presunto agresor impune ante su delito". El próximo martes 27 de julio, a las 12 del mediodía, la campaña ha convocado una concentración de protesta ante el CIE de Zapadores en Valencia.